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| Salomón Borbas

Conducción en invierno: cómo actuar ante el aquaplaning

Cuando llega el invierno es fundamental extremar la precaución en la carretera.

No es que el resto del año no debamos hacerlo, pero es cierto que, en esta época del año, el asfalto se vuelve una superficie más incierta, la lluvia puede dificultar la visibilidad y las hojas húmedas y los charcos que se acumulan en las carreteras pueden ser peligrosos. 

Como conductor, seguro que te sabes la teoría: a menor visibilidad y humedad en el asfalto, mayor distancia de frenado y velocidad más moderada. Pero en la práctica, la tensión puede ser mucha, especialmente, cuando aparece uno de los fenómenos más temidos de la conducción cuando llueve: el aquaplaning

No es una rareza técnica ni una exageración: es una situación real que se produce con relativa frecuencia cuando el agua se acumula sobre el asfalto formando charcos que, aunque no sean muy profundos, los neumáticos no son capaces de evacuarla con eficacia. ¿Sabes lo que debes hacer y lo que debes evitar en estos casos? Hoy te lo contamos en Miller Auto Museum.

¿Qué es el aquaplaning?

El aquaplaning, también llamado hidroplaneo, se produce cuando se interpone una película de agua entre los neumáticos y el asfalto, haciendo que estos no se agarren a la carretera.

No hace falta ni pasar por encima de un charco profundo ya que, muchas veces, basta una fina capa de agua para que notes esa sensación de flotar con el volante más flojo.

En condiciones normales, el dibujo de la banda de rodadura está diseñado para canalizar el agua hacia el exterior y mantener el contacto directo con la calzada. Sin embargo, si la velocidad es un poco más elevada, la profundidad del agua considerable o el neumático presenta desgaste, la capacidad de evacuación se ve superada. El resultado es que el neumático flota parcialmente sobre el agua y pierde adherencia.

¿Te ha pasado alguna vez, verdad? Notas que la dirección se vuelve ligera, como si el coche dejara de obedecer con precisión. Puede haber una pérdida momentánea de control direccional y, si intentas frenar, el vehículo no responde como esperas. El régimen del motor puede aumentar si las ruedas motrices patinan. Es una experiencia breve en la mayoría de los casos, pero lo suficientemente intensa como para provocar una reacción instintiva de pánico.

Y aquí está la clave: ante el aquaplaning, hacer menos es hacer más

¿Cómo reaccionar ante el aquaplaning?

Lo primero es mantener la calma y seguir estas pautas:

    • Sujeta el volante con firmeza, pero sin movimientos bruscos y sin girarlo. 
    • Mantén siempre la trayectoria recta.
    • Levanta suavemente el pie del acelerador para permitir que el vehículo reduzca velocidad de forma progresiva. No pises el freno de manera abrupta. 

Si tu coche dispone de sistemas como el ABS o el control de estabilidad (ESP), estos ayudarán a gestionar la pérdida de adherencia, pero su eficacia depende también de que no interfieras con maniobras violentas.

Permite que el vehículo desacelere por sí mismo hasta que los neumáticos recuperen el contacto con el asfalto. Una vez que sientas que la dirección vuelve a ofrecer resistencia y control, podrás retomar la conducción con normalidad, siempre teniendo en cuenta las condiciones de la vía. 

¿Qué no debes hacer nunca? 

Somos conscientes de que el miedo no es un buen consejero y puede llevarte a cometer justo las acciones que no debes cuando estás sufriendo un episodio de aquaplaning:

    • No frenes nunca bruscamente. Un frenazo puede bloquear las ruedas en vehículos sin sistemas avanzados o desestabilizar el conjunto, aumentando el riesgo de derrape. 
    • No gires el volante de manera impulsiva intentando “corregir” la trayectoria. 
    • No aceleres para salir del charco, ya que eso incrementa la pérdida de tracción. 
    • No reacciones con movimientos abruptos fruto del miedo. 

El aquaplaning siempre suele durar unos segundos si la velocidad es adecuada; una maniobra exagerada puede convertir un episodio controlable en un accidente.

La prevención también importa

Aunque, evidentemente, no tienes control sobre la lluvia ni sobre el estado de las carreteras, sí puedes prepararte para minimizar este fenómeno y gestionarlo adecuadamente.

El tipo de neumático, su estado y su presión son determinantes en el aquaplaning. La profundidad del dibujo, la presión correcta y el uso de neumáticos adecuados para la temporada influyen directamente en la capacidad de evacuar agua. 

En invierno, revisar periódicamente la presión y comprobar que la banda de rodadura supera los mínimos legales no es una formalidad, sino una medida de seguridad esencial. El contacto entre tu vehículo y la carretera se reduce a cuatro superficies del tamaño de una mano. 

En condiciones de lluvia intensa, ese detalle marca la diferencia entre flotar sin control o rodar con seguridad.